La miel cuenta con una serie de componentes con propiedades antioxidantes: compuestos fenólicos, flavonoides, vitamina C, etc., que son aportados por las plantas cuyo néctar y polen han cosechado las abejas. Diferentes mieles tendrán diferente capacidad antioxidante.

Desde tiempos antiguos, la miel ha sido utilizada como medicina. Los chinos, egipcios, romanos y griegos la empleaban en combinación con otro tipo de hierbas para curar heridas y enfermedades intestinales.

El uso de la miel en la medicina ha continuado hasta la época actual, siendo usada habitualmente para catarros y dolores de garganta.

La miel además se puede utilizar como agente con otros efectos terapéuticos como los que indicamos a continuación:

  • Heridas infectadas. A la miel se le atribuye propiedades antibacterianas frente a la desinfección de heridas en casos en los que la presencia de bacterias muy resistentes provoca que otros tratamientos no sean efectivos.
  • Oftalmología. Es habitual el uso de la miel como tratamiento para problemas oculares. Se han realizado estudios en los que se ha observado una recesión en el tratamiento de conjuntivitis catarral, queratitis (inflamación de la córnea) y blefaritis (inflamación del párpado) cuando se ha usado miel como tratamiento.
  • Regeneración de tejidos. Se han observado diferentes efectos terapéuticos al usar la miel en el caso de quemaduras, úlceras en la piel, etc., ya que fomenta la creación del tejido conectivo y el crecimiento de epitelio.
  • Gastroenteritis. El uso de la miel para ayudar a combatir la diarrea ya era conocido en tiempo de los romanos. En la actualidad, estudios científicos han demostrado una relación del uso de la miel con la curación de la gastroenteritis.
  • Úlceras pépticas y gastritis. Existen algunos estudios en los que se empleó la miel para tratar enfermedades como la gastritis, duodenitis y úlceras y en los que se obtuvieron resultados positivos.

Existen evidencias que demuestran la relación entre los compuestos de la miel y su origen botánico, así como de los compuestos responsables de la capacidad antioxidante de la misma.

Además de demostrarse la efectividad de la miel como antioxidante, también está demostrado su uso como agente antibacteriano.

En general, con una probabilidad del 95%, las mieles oscuras, como la de brezo, castaño, encina y bosque, tienen una mayor cantidad de antioxidantes. Esas mieles también tienen un mayor contenido en minerales, y suelen ser más intensas de aromas, y menos dulces de gusto que las claras.

Aunque, por ejemplo, la miel de tomillo, que es de color ámbar es muy intensa de aroma y con un marcado componente ácido de gusto, además de contar también con un alto poder antioxidante.

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