La miel ha sido empleada desde la antigüedad, para tratar todo tipo de afecciones en el organismo. De hecho, gracias a las evidencias médicas existentes sobre sus propiedades, este ingrediente natural constituye uno de los pocos remedios naturales aceptados por la comunidad médica.  A continuación te mostramos cuáles son los usos de la miel más comunes.

La miel como cicatrizante de la piel

Uno de los usos más comunes de la miel hace referencia a sus propiedades antisépticas y antiinflamatorias, que la convierten en un gran cicatrizante y regenerador de la piel.

Tratar quemaduras

Gracias a sus propiedades antimicrobianas y antiinflamatorias, la miel ha sido usada desde la antigüedad para aliviar los edemas en las quemaduras leves.

Curar heridas

La miel puede ser empleada para facilitar la cicatrización y aliviar el dolor de las heridas. Para ello, se debe aplicar la miel directamente sobre la herida, dejando una pequeña parte sin miel para que respire la herida. Posteriormente, se coloca un apósito encima para que absorba el líquido que expulse la herida. De este modo, conseguiremos mejorar el aspecto de la piel y evitar las imperfecciones. 

Tratar cicatrices

Quizá se trate de uno de los usos más desconocidos de la miel. Para tratar las cicatrices, simplemente podemos aplicar una mezcla a partes iguales de miel y aceite de oliva o de coco sobre la cicatriz, y se mantiene tapada con una compresa o un apósito durante unos 15 minutos. 

La miel como hidratante

En los últimos años, cada vez es más común ver a personas que usan la miel para elaborar champús, mascarillas o exfoliantes naturales. El uso de la miel en la cosmética, se debe a las numerosas propiedades beneficiosas con las que cuenta este ingrediente.

Champú natural

La miel puede emplearse como champú natural, ya que está comprobado que la miel ayuda a combatir la caspa y la dermatitis seborreica del cuero cabelludo.

Para ello, simplemente hay que diluir ¾ partes de miel, con ¼ de agua tibia y lo dejamos actuar durante el mayor tiempo posible. De este modo, conseguiremos un pelo hidratado.

Además, si queremos fortalecer el cabello, podemos combinar una cucharadita de miel, con aceite de almendras y un plátano triturado. Se aplica la mezcla de medio a puntas y se deja reposar unos 20 minutos. Así, suavizamos el cabello y las puntas estarán visiblemente más cerradas.

Mascarilla facial

La miel también puede utilizarse para realizar una mascarilla facial, ya que a diferencia de los aceites, la miel hidrata la piel sin aportar una textura grasa ni pesada. Por eso se trata de un componente ideal para realizar mascarillas faciales, ya que es apta para todo tipo de pieles: secas, grasas o mixtas. 

Para realizar la mascarilla sólo hay que mezclar 3 cucharadas de miel con 2 cucharadas de canela en polvo, se bate muy bien y se aplica sobre la piel con una brocha. Dejamos actuar unos 20 minutos.

Además, gracias a su increíble efecto antibacteriano, la miel ayuda a combatir el acné; y también contribuye en la regulación del PH de la piel. 

Hidrata la piel

Otro de los usos más comunes de la miel, hace referencia al uso de esta para hidratar la piel. Al mezclarla con otros ingredientes, podemos emplearla como exfoliante corporal, humectante o incluso como antiinflamatoria. 

Humecta los labios partidos

La miel también puede emplearse para hidratar los labios secos cuando no tengamos cacao. Simplemente debemos aplicar una capa de miel sobre los labios para hidratarlos.

Los efectos relajantes de la miel

Además de ser una gran fuente de vitaminas, minerales y ácidos grasos, la miel también contiene azúcares, que aumentan los niveles de insulina de forma natural y producen serotonina. Esta hormona está vinculada al estado de ánimo, y ayuda a la relajación. 

Ayuda a dormir mejor

Si tienes problemas para dormir o estás demasiado nervioso, puedes tomar una cucharada de miel con una infusión o un vaso de leche. Esto ayudará a la relajación y por tanto a dormir mejor. 

Combate la ansiedad

En momentos de ansiedad, la miel puede ayudar a tranquilizarnos. En vez de fumar o comer dulces, podemos optar por tomar un poco de miel con quesos, fruta o frutos secos. Esto contribuirá a que te sientas mejor. 

Disminuye el dolor de cabeza

Cuando tengas dolor de cabeza, puedes realizar una infusión con miel y clavos. El dolor se reducirá notablemente y te sentirás mucho más relajado.

Combate el malestar

Gracias a sus propiedades antimicrobianas y antivirales, uno de los usos de la miel más comunes, es emplearla para el alivio del dolor de garganta, la tos o la congestión nasal. 

Aliviar la tos y el dolor de garganta

Uno de los usos de la miel más recurrentes, hace referencia a la utilización de este ingrediente junto con el limón, para aliviar el dolor de garganta e incluso, suavizar la tos.

Combatir la congestión nasal

La miel y el vinagre de manzana han sido utilizados desde hace años para tratar afecciones como la gripe o la congestión nasal. Ambos ingredientes cuentan con propiedades antiinflamatorias y analgésicas que alivian el malestar existente. 

El uso de la miel contra el malestar digestivo

La miel de abeja, puede ser empleada también como remedio natural ante problemas digestivos como la acidez de estómago o las úlceras. Esto se debe a que la miel cuenta con propiedades antiinflamatorias y cicatrizantes que actúan sobre la mucosa digestiva. 

Favorece la digestión

Ante problemas digestivos, podemos tomar una infusión de menta con miel tras las comidas para sentirnos más ligeros. Además, numerosos estudios han comprobado como la miel cuenta con un efecto laxante suave. 

Alivia el malestar de estómago

Ante la acidez o el ardor estomacal, podemos realizar una infusión de miel y jengibre. La combinación de estos ingredientes calmará el ácido del estómago. 

Por tanto, los posibles usos de la miel son muy variados. Por ello, debemos ser coherentes a la hora de emplearla y en ningún caso usarla como sustituta de un tratamiento médico. La ingesta de miel debe ser siempre moderada y usarla cuando sea necesario. 

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